Este jueves, se presenta el informe del FMI ‘Perspectivas económicas de América Latina 2021’. Estas son algunas de sus conclusiones

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Antes de la llegada del covid-19, América Latina presentaba una situación compleja. Mostraba una desaceleración generalizada y sincronizada en el ámbito de países y sectores, completando cinco años de bajo crecimiento (seis si incluimos 2020). Se estimaba una disminución en la demanda interna, acompañada de una baja demanda externa y unos mercados financieros internacionales más frágiles.

La región comenzó a revertir la devastadora situación económica inicial, pero el recrudecimiento de la pandemia la privó de una recuperación que, según los países, lo hacía a diferentes velocidades. La fuerte contracción en el segundo trimestre de 2020 fue seguida de una veloz recuperación en el tercero que superó las expectativas en algunas de las economías más grandes, como BrasilPerú y Argentina. Por sectores de actividad, la manufactura se recuperó más rápido que los servicios.

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Las exportaciones netas, por su parte, retornaron a los niveles previos a la crisis, pero el consumo y la inversión estaban por detrás. En el último trimestre, los indicadores anticipados, como la producción industrial y las ventas minoristas, señalaban que el repunte había continuado, impulsado por un fuerte estímulo fiscal, condiciones financieras internacionales favorables y la resiliencia de los agentes económicos ante la nueva realidad. De manera que el FMI revisó al alza su pronóstico de 2020 para la región, del -8,1% al -7,4%.

Los países con previsiones al alza

No obstante, en la presentación del informe del FMI ‘Perspectivas económicas de América Latina 2021’, que es presentado este jueves por Xiana Margarida Méndez (secretaria de Estado de Comercio), Alejandro Werner (director del Hemisferio Occidental del FMI) y Rebeca Grynspan (al frente de la Secretaría General Iberoamericana), y en el que tengo el honor de participar, se destacará que la recuperación a principios de 2021 se está viendo amenazada por el recrudecimiento de la pandemia y la reintroducción de medidas de contención más estrictas en algunos países, así como por las repercusiones de la desaceleración de la economía mundial.

Pese a esta situación, el FMI ha elevado su pronóstico de crecimiento para la región al 4,1%, frente al 3,6% de octubre de 2020. Esto se debe a los mejores resultados en 2020 y a las expectativas de que se amplíen las campañas de vacunación, junto con las mejores perspectivas de crecimiento en Estados Unidos. Teniendo en cuenta estos factores, el FMI ha revisado sus previsiones al alza en Argentina (4,5%), Brasil (3,6%), Chile (5,8%), Colombia (4,6%), Perú (9%) y México (4,3%), aunque las rebajó para el Caribe, del 4% al 2,4%, ya que la reanudación de las actividades de viajes y turismo, que son vitales, están tardando mucho más de lo previsto.

Entre los factores que favorecen la región, se encuentra el aumento de los precios de algunas materias primas. Por ejemplo, el petróleo muestra signos de recuperación. El Brent, de referencia en Europa, ha tocado máximos desde 2019 en los 63 dólares por barril, mientras que el Texas estadounidense superaba la barrera psicológica de los 60 dólares. Esto sucede al tiempo que se van reduciendo los inventarios y aumenta la demanda de países como India y China.

En cuanto a los precios de los minerales como el hierro y el cobre, también aumentan. Sin embargo, no serán tan altos como el que siguió a la crisis financiera de 2008, que venía impulsado por un enorme auge de la construcción en China, cuya economía ha experimentado una recuperación relativamente rápida con un crecimiento del PIB en 2020 del 2,3%. Esto favorece el comercio con América Latina y, como gran consumidor de materias primas, puede generar un ciclo positivo.

El FMI ha revisado sus previsiones al alza en Argentina (4,5%), Brasil (3,6%), Chile (5,8%), Colombia (4,6%), Perú (9%) y México (4,3%)

Respecto a los factores menos favorables, tenemos las reformas estructurales pendientes. Las más complicadas son las reformas del mercado laboral, la agraria, la fiscal y el fortalecimiento de la gestión gubernamental. En cuanto al contexto político, se producirán elecciones presidenciales y legislativas en diversos países, situación que puede crear volatilidad en los mercados, pero también puede generar oportunidades de compra para los inversores.

La situación demuestra que si no es posible contener las nuevas infecciones, se decretarán nuevos confinamientos, con el consiguiente cambio de comportamiento de la gente. Lo que supondrá un freno para el crecimiento. A su vez, una recuperación más débil en los mercados laborales infligiría un daño social más permanente. Y un cambio en la actitud de los inversionistas internacionales podría generar presiones sobre los países que adolecen de vulnerabilidades fiscales y externas. Por el lado positivo, la eficacia de las campañas de vacunación y contención de la pandemia, que cuentan con el firme compromiso de la mayoría de los países y un apoyo fiscal adicional, sentaría las condiciones para una recuperación más rápida.

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La plena recuperación, aún lejana

No obstante, la plena recuperación está aún distante. Según el FMI, la región retornará a los niveles previos a la pandemia en 2023, y el PIB per cápita lo hará en 2025, es decir, más tarde que otras regiones del mundo. La pandemia ha repercutido desproporcionadamente en el empleo, y las pérdidas se han concentrado sobre todo en las mujeres, los jóvenes y los trabajadores informales y menos cualificados, y los indicadores sociales están dando cuenta de ello.

Por lo anterior, retirar el apoyo fiscal demasiado pronto pondría en peligro la incipiente recuperación. Aquellos países que cuentan con mayor margen en sus presupuestos para gastar más deben apoyar sus economías focalizando mejor los sectores, lo cual acelerará la recuperación. En tanto que los países con capacidad limitada de gasto deben priorizar el respaldo a la salud y los hogares. El actual entorno de tasas de interés bajas hace pensar que quizá se haya subestimado el espacio fiscal, sobre todo en las economías más grandes, donde los pagos de intereses se encuentran en niveles bajos pese al fuerte aumento de la deuda pública como porcentaje del PIB.

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En los países en que las expectativas inflacionarias están bien ancladas, se debe seguir respaldando la política fiscal con una política monetaria expansiva. Las políticas en el sector financiero deben seguir facilitando el apoyo a la liquidez del sector empresarial, procurando que ese apoyo esté bien focalizado, pero sin comprometer la estabilidad financiera. Es importante que los países demuestren su compromiso para aplicar políticas fiscales creíbles y sostenibles a mediano plazo una vez concluya la pandemia.

España es el primer inversor europeo en Latinoamérica y el segundo mundial, por detrás de Estados Unidos. Estratégicamente, para las empresas españolas es su mercado más natural. Todo lo que ahí suceda les afecta. La recuperación y aceleración del crecimiento económico de la región dependerá en buena parte de la certera aplicación de las políticas económicas, independientemente del ciclo político. Latinoamérica saldrá muy afectada, cierto, pero a la vez se le abre una ventana de oportunidad. El revolucionario, desafiante y competitivo entorno económico, empresarial y tecnológico le espera.

*Ramón Casilda Béjar es investigador del Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos. Universidad de Alcalá.

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